Top
Cortesía: Diversity Entertainment

Antes del 91: El sosó de la cuadra

Recuerdo que la cuadra era como el punto de encuentro de la gente, de todas las familias. Todo mundo se conocía y los diciembres eran puro alboroto, sobre todo el veinticuatro y el treinta y uno. La cuadra, como yo lo veo, era como el parque de los pueblos porque es el lugar donde la gente sale a relacionarse, donde los niños juegan, donde los viejos beben y las señoras salen a hacer chisme. Incluso recuerdo que, aunque a mí no me gustara, era el lugar donde los hombres salían a jugar fútbol, porque las canchas no se conocían.

La cuadra era como ese pueblo chiquito donde cada uno tenía su rol o su apodo. Estaba la vieja chismosa, el señor mujeriego, el borracho, la vieja a la que todo el mundo le tiraba los tejos, el Chayanne Emilio[1], el viejo verde, la biata y yo, el sosó[2] de la cuadra, la loca alborotada.

Y es que sí, siempre fui muy loca, muy marica, muy alborotada. Me encanta el escándalo y el show, porque así soy yo, me gusta hacerlo. Creo que además de ser parte de mi personalidad también fue como un mecanismo de defensa, porque al ser así la gente se reía, se burlaba, me insultaba, pero para hacerle frente a esa discriminación me convertí en lo que ellos decían que yo era y entonces era más llevadero.

En un diciembre nos reunimos toda la gente de la cuadra, pusimos cuota y compramos plástico de colores para hacer las cadenetas. Organizamos todo para hacer una fiesta el fin de año, para cerrar la cuadra, comer y beber todos reunidos. Como yo siempre he sido muy dinámico y no me puedo quedar quieto pues fui uno de los organizadores, porque además me encanta la fiesta, aunque no tomo licor.

Todo estaba organizado. Teníamos la música, la comida, la alegría y las ganas de estar en comunidad. Había desde niños hasta ancianos y cada uno disfrutaba según podía, aunque tratamos de hacer dinámicas, como el que mejor baila, el o la mejor vestida, el más bulloso, etcétera. La fiesta salió como se esperaba, todo mundo quedó contento, así que no hubo ninguna queja, al menos ninguna pública.

Eran como las cinco de la mañana, ya estaba aclarando la madrugada. Yo tenía frío y estaba cansado, porque recuerdo que en aquel entonces la ciudad era mucho más fría. Yo vivía a la vuelta de donde estábamos y, mientras caminaba, dos vecinos y conocidos de toda la vida empezaron a gritarme cosas: ey sosó, papi, como caminas de lindo, vení te decimos algo, mariposa, como estás de linda… y yo fui. Creí que estaban jugando, por lo que les seguí su juego. Simplemente le toqué la cara a uno de ellos y fue suficiente para que me volvieran mierda. Me tiraron al suelo, me patearon, me dieron en la cara, me escupieron.

A los machos les gusta joder, coquetear y tirar los perros, pero uno no puede hacer lo mismo, incluso si se trata de un juego. Tocarle la cara a uno de ellos es faltarle al respeto, a su hombría. El caso es que me dejaron allí, dolorido y ensangrentado. Fui a un CAI cercano, de los poquitos que todavía existían porque Pablo Escobar no lo había volado con sus carros bomba. Cuando llegué a poner la denuncia lo único que me dijeron fue que seguramente me lo había buscado, que me fuera para la casa y dejara de hacer escándalo, porque cuando llegué allí estaba muy indignado, enojado, triste y vulnerado.

—Oswaldo Bedoya


[1] Hace alusión a un hombre que le gusta coquetear y presumir de su belleza. Símil del cantante Chayanne.

[2] Forma despectiva con que se llamaba a los gay de características afeminadas.

Deja tu comentario